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Reforma Curricular: las bases para una filosofía individualista

17/03/2017  

Fuente: El Mostrador

 

Como todos saben, la propuesta de Bases Curriculares para 3º y 4º medio ha salido a consulta pública el pasado miércoles. Lo que ha sido reconocido por la prensa y felicitado por todos es la permanencia de la asignatura de filosofía en el Plan Común de las modalidades Científica-Humanista y de la Artística, y la reincorporación para los estudiantes del Técnico Profesional. En concreto, los alumnos de cada modalidad tendrían al menos dos horas semanales de filosofía como parte del Plan Común de su formación y los estudiantes del Científico-Humanista podrán optar a cuatro horas de Filosofía. En términos generales, esto es un logro, que -a diferencia de lo que afirmó en La Tercera Alejandra Arratia, Coordinadora de la UCE – se consiguió gracias a la presión política que sostuvimos, en un principio a través de nuestro #DerechoALaFilosofía, y, posteriormente, al constante trabajo de profesores, académicos y estudiantes de filosofía, que liderados por la REPROFICH (Red de Profesores de Filosofía de Chile), constituyeron el FAF (Frente Amplio por la Filosofía). Este Frente ha venido trabajando desde septiembre del año pasado, entregando propuestas e insumos para las Bases Curriculares a partir de un trabajo consultivo con profesores de filosofía de distintas regiones del país, estudiantes de filosofía de la V Región y la Región Metropolitana, y con aportes y el apoyo de académicos. Es por esta razón, que me parece urgente precisar qué implicancias tiene la propuesta ministerial y abrir un debate respecto al status quo de la filosofía de la educación que en las bases curriculares se deja ver.

Las Bases Curriculares son los fundamentos que tiene el Mineduc, a través de la Unidad de Currículum y Evaluación, para presentar, desarrollar e implementar la reforma curricular. En ellas se intenta responder la pregunta ¿para qué y por qué queremos filosofía en el colegio? Es decir, lo que se está sometiendo a consulta son los Propósitos Formativos de la asignatura de Filosofía y su justificación. En este sentido, hay varios elementos en la propuesta que puedo reconocer como parte del trabajo del FAF y, por tanto, podrían ser considerados como un logro. Hemos conseguido instalar los vínculos entre la filosofía y género, filosofía y transformación, filosofía y experiencia, filosofía y cuerpo, filosofía como experiencia colectiva, etc. Todos estos temas han sido primordiales en nuestra propuesta, sin embargo, analizados en su conjunto, puestos en el documento del Mineduc y sometidos a la pregunta ¿qué filosofía de la educación se deja ver en las bases curriculares?, con la decepción de la idealista, no me queda más que afirmar que han sido utilizados como un instrumento más de una educación, ya no tan solo neoliberal, sino que -como diría Todorov- ultraliberal. La reforma curricular, como política educativa de un gobierno socialdemócrata, cae en el vicio de la democracia cuando margina al pueblo y al progreso, y favorece a aquel elemento irrenunciable, heredero de toda revolución, pero resignificado por la economía de mercado y por la política neoliberal: la libertad. Lo que, al mismo tiempo, se asegura y se refuerza con la filosofía que le da sentido a esta propuesta. Una filosofía conservadora, fundada en binomios, que propone un comportamiento moral determinado, por lo tanto, asentada en una metafísica del individuo y de la libertad improvistos de toda carne y materialidad. Veamos.

 No nos engañemos. Aquí se trata de formar un individuo desencarnado, desterrado y, por tanto, valorado por sobre la vida en sociedad. Se trata de un individuo en el cual se fortalece su autonomía como aquello que lo separa de la sociedad y que le asegura una falsa libertad de elegir. Ejemplo de esto es la misma propuesta curricular basada en un plan común reducido y un plan electivo generoso en asignaturas para que el estudiante elija “libremente”. Por su puesto, la libertad de elección no es tal porque el Estado, a través del Mineduc, no asegura las condiciones materiales necesarias para que los liceos y colegios de Chile “ofrezcan” a sus alumnos los tres electivos de filosofía estipulados en la propuesta.

Uno de los sentidos que la filosofía -a mi juicio- tendría que tener en la educación media es constituirse como un espacio donde las y los estudiantes cuestionen e interroguen la realidad y los distintos órdenes establecidos, a través de la circulación de ideas y la creación de conceptos. Así, este espacio asegura la creación de nuevos pensamientos que surjan de la reflexión acerca de lo cotidiano, del cuerpo y de lo material, y, por lo tanto, asegurar una formación que permita construcciones en común a partir de la condición de estudiantes latinoamericanos. Sin embargo, he reparado que en la propuesta ministerial la filosofía adquiere su sentido en la medida en que apunta a la formación del individuo, por tanto, de su autonomía y de su libertad. ¿Quién podría negar que estos son atributos deseables de la filosofía? No nos engañemos. Aquí se trata de formar un individuo desencarnado, desterrado y, por tanto, valorado por sobre la vida en sociedad. Se trata de un individuo en el cual se fortalece su autonomía como aquello que lo separa de la sociedad y que le asegura una falsa libertad de elegir. Ejemplo de esto es la misma propuesta curricular basada en un plan común reducido y un plan electivo generoso en asignaturas para que el estudiante elija “libremente”. Por su puesto, la libertad de elección no es tal porque el Estado, a través del Mineduc, no asegura las condiciones materiales necesarias para que los liceos y colegios de Chile “ofrezcan” a sus alumnos los tres electivos de filosofía estipulados en la propuesta.

Por lo tanto, la filosofía sigue siendo conservadora: una filosofía sin lugar, sin carne, esa filosofía universal que guarda en sí misma una formación moralizante que le dice a los estudiantes que hay una verdad que conocer, entender, imaginar y una forma de actuar. Se trata de una filosofía que define cuáles son las preguntas fundamentales de los estudiantes. Entonces, me pregunto ¿qué es lo que puede transformar una filosofía que se concibe como una “actividad vinculante, como un espacio de encuentro, reconocimiento y afirmación del otro”? ¿Qué interrogantes filosóficas pueden surgir si no se considera las contradicciones, lo irracional, lo ilógico, lo impensable y lo imposible de la realidad? ¿Qué filosofía es aquella que pretende una “formación integral de los estudiantes” sino una filosofía que tenga como fin formar, normalizar y neutralizar, es decir, educar en individualismo?

Si bien, como Reprofich y como parte integrante del FAF, hemos ganado un espacio político que nos permitió mantener la filosofía en el colegio y aportar con el trabajo y la experiencia de profesoras y profesores para la propuesta de la Reforma Curricular para Filosofía, éste último no sólo ha sido sometido al filtro de la política ministerial, sino que también, -y lo que creo más grave- las barreras y cortapisas más potentes las ha impuesto la futura evaluación del Consejo Nacional de Educación. Esta institucionalidad, compuesta por integrantes que en su mayoría han sido designados por la Presidenta de la República, orienta el sentido de la educación, no ya a pensar en el país que queremos a futuro, sino que en la manera en que este consejo pueda sancionar favorablemente las propuestas del Mineduc. De aquí que nuestro intento por legitimar el saber de profesoras, profesores y estudiantes a través de propuestas que han sido fruto de un trabajo democrático, reflexivo, de discusión y de diálogo, se vea, una vez más, marginado por políticas institucionales que tienen como horizonte la verdad de las Ciencias de la Educación, es decir, someter a la filosofía al currículum, a la didáctica y a la evaluación. Con desesperanza pienso que una filosofía que se reduce a lo presente, a lo ya definido, que apunta al individuo y que deja de lado el disenso y a la diferencia, no hace más que reproducir el orden imperante y el estado actual de las cosas.