Aprender para vivir o aprender para producir?

El concepto de calidad aplicado a un derecho humano fundamental como la educación, apunta más a estándares económicos que a experiencias enriquecedoras de aprendizajes diversos y significativos. Desde ahí, recientes iniciativas del Estado tensionan permanentemente el reconocimiento del principio de la igualdad de derechos de todas las personas, sobre todo niños, niñas y jóvenes, incluso adultos, gestionando este derecho a través de medidas que procuran la primacía de una determinada concepción de la meritocracia que dicta quiénes si y quiénes no son merecedores/as de acceder a una buena educación. Son estos los mecanismos que no hacen más que segregar y aumentar los niveles de desigualdad y discriminación en el sistema de educación formal, aludiendo a una calidad que es diferencia, distinción, competitividad, distorsionando el sentido real de este derecho, trastocándolo, estandarizándolo, convirtiéndolo en un producto. Hoy se quiere educar para borrar la memoria, alinearnos en torno a la televisión, para no ser críticos ni creativos. ¿Queremos educarnos para ser productivos o para vivir y ser buenas personas?

El proyecto Derecho a la Educación. Enfoque para el Análisis del Discurso de la Calidad de la Educación en la Política Educativa Chilena (1990-2016), que lidera la Dra. María Angélica Oliva, en el marco de su proyecto Fondecyt, aporta a esta problematización, que revisa críticamente el discurso dominante de la calidad de la educación y considera el derecho a una educación de calidad, con sus dimensiones: aprendizaje y calidad de la educación; docentes y calidad de la educación; clima escolar y su relación con la calidad de la educación; educación para la ciudadanía y calidad de la educación.

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