Hambre: el dolor permanente

El hambre quiebra. Mata física y espiritualmente. Es, a la vez, una urgencia y una deuda permanente para cualquier sistema que se autodefina como democrático y que en realidad no lo es si tan sólo uno/a de sus integrantes sufre para cubrir sus necesidades básicas o las de su familia. ¿Qué gobierno permite semejante dolor? ¿Qué tipo de democracia? ¿Qué sociedad contempla impávida el dolor del hambre en un mundo rico, que nunca tuvo tanto como hoy, pero en manos de unos pocos? Una reflexión que nos acompañará y de la que debemos hacernos cargo.

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